Crecer con la IA: cuando la búsqueda acaba con el pensamiento crítico

El 54 % de los estudiantes españoles de 15 años utiliza chatbots de IA al menos una vez a la semana para aprender, y el 42 % recurre a ellos para realizar una primera búsqueda sobre un tema, según PISA 2025. Qustodio advierte de que el reto no está en impedir que los menores utilicen la IA, sino en ayudarles a hacerlo de forma crítica y responsable

Buscar información en Internet ya no significa necesariamente consultar varios enlaces, comparar contenidos y decidir qué fuente resulta más fiable. La incorporación de respuestas generadas por inteligencia artificial en los buscadores está transformando este proceso, al recibir directamente una explicación elaborada, resumida y aparentemente completa, antes incluso de consultar las fuentes originales.

Este nuevo modelo de búsqueda coincide con la integración de la IA en los hábitos digitales de los menores. Según el último estudio anual de Qustodio, plataforma líder en seguridad online y bienestar digital, el porcentaje de niños y adolescentes españoles que utilizó ChatGPT pasó del 14 % al 44 % en un año.

A través de los datos de PISA 2025, se puede ver cómo la presencia de la IA se extiende al aprendizaje. En España, tan solo el 8 % de los estudiantes de 15 años afirma no emplear nunca los chatbots de IA en ninguna tarea académica, mientras que más de la mitad reconoce utilizarlos al menos semanalmente para el aprendizaje, en tareas como resumir textos o redactar trabajos.

«Esta transformación no tiene por qué ser negativa, pero sí plantea un reto importante: que la facilidad para obtener una respuesta inmediata no lleve a los menores a dejar de preguntarse de dónde procede la información, si existen otras perspectivas y hasta qué punto pueden confiar en ella», explica Gloria R. Ben, psicóloga experta de Qustodio.

Del modelo de búsqueda al modelo de respuesta
El problema de esta evolución no reside únicamente en que la IA pueda equivocarse, sino también en cómo se presentan las respuestas: de forma clara, ordenada y convincente. Esta apariencia de seguridad puede llevar a los menores a confiar en ellas incluso cuando contienen errores, datos desactualizados o interpretaciones discutibles. Además, como todavía están construyendo sus conocimientos sobre muchos de los temas que consultan, pueden tener más dificultades para detectar los fallos.

Un análisis reciente de Common Sense Media sobre las funciones de IA integradas en el buscador de Google evidencia este riesgo. Tras realizar más de 2.600 búsquedas desde cuentas configuradas para usuarios de 11 a 15 años, la organización detectó inconsistencias en las respuestas, así como problemas relacionados con la calidad de las fuentes. De hecho, en una de sus pruebas, al repetir una misma pregunta de historia, AI Overview ofreció respuestas sustancialmente diferentes en el 43 % de las ocasiones, mientras que parte de las referencias utilizadas procedían de plataformas con contenido generado por usuarios.

«Que algo esté muy bien explicado no significa necesariamente que sea verdad. La fluidez no es una garantía de fiabilidad», advierte Gloria R. Ben. Para la experta, aunque los adolescentes puedan tener interiorizado que no todo lo que encuentran en Internet es cierto, el verdadero reto está en saber reconocer cuándo las respuestas no son fiables.  

Aprender a buscar en la era de la IA
Ante esta nueva situación, el objetivo de las familias no debería ser limitar el uso de estas herramientas, sino ayudar a los menores a utilizarlas de forma que sigan desarrollando su propio criterio. Una respuesta inmediata no equivale necesariamente a comprender un tema, sobre todo cuando sustituye procesos como contrastar fuentes, identificar contradicciones o elaborar conclusiones propias.

Por ello, desde Qustodio insisten en la importancia de incorporar algunos hábitos que ayuden a niños y adolescentes a desenvolverse de forma más crítica ante la información generada por IA:

  • Comprobar de dónde procede la información: revisar quién ofrece la información, en qué datos se basa y si es posible consultar el contenido original. En caso de tratarse de información sensible, con cuestiones como la salud o la seguridad, se debe contrastar con fuentes fiables y, cuando sea necesario, recurrir a un adulto o profesional.

  • Contrastar diferentes enfoques: comparar diferentes fuentes y aprender a diferenciar entre hechos, opiniones e interpretaciones ayuda a no aceptar una única respuesta como definitiva.

  • Usar la IA como punto de partida, no como respuesta definitiva: pedir explicaciones alternativas, argumentos a favor o en contra o nuevas preguntas sobre un tema puede convertir estas herramientas en un apoyo para profundizar y desarrollar una mirada más crítica, sin limitarse a aceptar la primera respuesta.

Las familias también pueden contribuir a este aprendizaje sin necesidad de supervisar cada búsqueda. La clave está en utilizar estas herramientas juntos para que puedan interiorizar los procesos de verificación de la información, así como en conversar sobre qué información resulta más fiable para ayudar a los menores a desarrollar progresivamente su autonomía digital.

«La IA tiene un potencial enorme para aprender, despertar la curiosidad y hacer el conocimiento mucho más accesible. El reto está en que esa facilidad para obtener respuestas no nos quite las ganas de hacernos preguntas», concluye Gloria R. Ben. «Quizá la habilidad más importante en esta nueva etapa no sea tener todas las respuestas, sino saber hacer buenas preguntas, pensar por uno mismo y decidir qué información merece nuestra confianza».

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